Amor de algodón

Aunque a veces esperemos de su amor
que prodigue entre nosotros su candor,
aunque a veces pretendamos manejar sus decisiones.
Aunque a veces no queramos entender
que es distinta la ternura que ceder
a los cientos de caprichos que el amor propio reclama,
ya sabemos que es mejor
recibir algún capón
que dejarnos arrastrar por la riada.

No es amor de algodón el amor de Dios;
y si nos hiere,
es que prefiere amar que ser indiferente.
No es amor de algodón el amor de Dios:
es como el fuego,
que el oro hace brillar y da temple al acero.
No es amor de algodón el amor de Dios;
pero su herida
primero la sufrió el dueño de la Vida.

Aunque nunca recibí
lo que con ardor pedí,
Él me dio lo que en el fondo deseaba.
Dios, así me quiere amar:
con ternura y con verdad;
y yo, yo me quiero dejar (dejar).

No es amor de algodón...
No es amor de algodón el amor de Dios.

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