Alaneris

Sobre la aldea comenzaba a brillar,
un cielo azul y rojo se reflejaba dentro del mar,
un rayo despertó a esa chica
que antes aún dormida soñaba con volar,
refrescarse en esa agua limpia,
dibujar en la orilla caracolas de mar.

Mientras en otro paraje real
el mar y el viento locos solo querían hacerse notar,
ellos amaban a esa chica,
con pasión cada día les iba a visitar,
el viento en su cara mecía
las gotas que una ola había traído del mar.

Y una voz recordó
la agonía que no permitía amarles a los dos.
Y una voz recordó
que vivía atada a una tierra que no le acogió.


El sol caía en la aldea de mar
harta ya de apatías la playa fría volvió a pisar.
El mar rodeó con caricias
sus piernas blanquecinas de la arena y la sal,
el viento también recorría, silbaba melodías,
le intentaba arropar.

Y una ola de mar
transformó ese cuerpo de niña en sirena inmortal.
Y en un soplo fugaz,
el viento desprendió de su espina alas para volar.


Alaneris, Alaneris...

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