Vicente Castellanos

 

Podría decir de mí no muchas cosas, prefiero que me conozcan por mis hechos… Quizás soy un puñado de objetivos cumplidos desde difíciles puntos de partida: unos años en la Escolanía del Escorial, una casi carrera de música en una tierra donde no era posible estudiarla, un trabajo como profesor en secundaria y en Magisterio –sin duda el mayor don que se me ha dado, la capacidad didáctica–, un doctorado que incorpora la música a la cultura histórica de mi tierra, Ciudad Real… misiones casi imposibles que sólo la fe y la voluntad convirtieron en realidades. Ahora puedo decir aquello que tanto se dice: soy un profesional de la enseñanza. Yo lo digo con plena sinceridad y me hace dormir bien por las noches.

 Pero también soy fruto del esfuerzo de muchos que me quisieron y me apoyaron cada día, de todos los que me quieren y me apoyan ahora: mi familia, Teresa, mis hijos, mis amigos de verdad… Me gustaría pensar que les doy algo pero en el fondo se que son ellos los que me han dado y me lo dan todo a mi. Eso me convierte en el auténtico Vicente. Sin ellos yo no sería nada.

 Finalmente, se que soy un buscador, un creativo, un caminante al que le gusta pensar que está al principio de muchos caminos y debe encontrar el auténtico, el que conduce hacia la verdad… A estas alturas de mi vida, pasados los cuarenta (aunque muy poquito), me gusta pensar que he encontrado una primera respuesta: “el único camino honradamente posible es el amor”. Él es la única fuerza que puede transformar nuestra vida y la de los demás; él, en todas sus manifestaciones, es la única revolución posible. Al final de mi vida se que nadie se acordará de los retos difíciles sino de la sencilla tarea de cada día, si es que la supe llevar a cabo: amar. Me gustaría aprender a hacerlo con dignidad.

 En ese proyecto una de las actividades que me apasionan es la música, la creación musical. No se puede amar si no se es uno mismo. Yo, desde que recuerdo, he hecho canciones. Todos los motivos de mi trayectoria vital han sido buenos para componer: mi madre, la adolescencia, cuando me enamoré, los poemas de un amigo, el primer embarazo de Teresa, el nacimiento de mis hijos, su primera infancia, la enseñanza de las formas musicales, la didáctica en general, cada sonrisa, cada decepción, las historias que me llegaron al corazón, las historias imaginadas a partir de una mirada… y, por supuesto, la mayor de mis búsquedas: la fe y la reflexión cristiana.

 La editorial San Pablo me ha dado una grandísima oportunidad de hacer funcional y social esta búsqueda publicando mis canciones. Gran responsabilidad para mí, pero también gran reto y oportunidad. A veces me pregunto como puedo responder con solvencia: yo, que no soy un gran poeta ni un entendido en teología, yo, que tampoco poseo un gran talento musical –a pesar de mi gran amor por este arte–. Sin embargo, eso es cierto, Dios elige canastos casi vacíos para dar frutos abundantes, como aquellos panes y peces multiplicados por efecto de la fe. Me mueven los sencillos y honestos agradecimientos de tantas personas que escucharon mi primer disco, Buscad en la noche, y conmovieron mi corazón con sus palabras. Si alguien te dice al final de un concierto “que Dios te bendiga” no se trata de un premio en el que puedas recrearte sino de una motivación responsable. Quisiera pensar que puedo aportar algo hermoso en este mundo de la canción cristiana: mensajes, reflexiones, puntos de vista, sinceridad, quizás debate, y sobre todo humildad, ganas de aprender y ayudar. Quizás sea este el camino que al que antes me refería… mi camino hacia el amor, mi camino y el de todos los que me quieren y a los que quiero. Pido a Dios que, si es posible, me deje andar por esta senda y me haga digno de prestar así mi ayuda a los demás.

 

Discos de Vicente Castellanos publicados en San Pablo

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