Victoria Hernández

 

"A los nueve meses comencé a andar, a los cuatro años quería ser bailaora o mayorette, a los cinco admiraba e imitaba el ballet Zoom de la tele... Toda mi infancia bailaba y creaba coreografías con mis hermanas o amigas en la calle... No pude tomar una clase de danza hasta los diecisiete, pero en casa, a escondidas especialmente en la adolescencia, expresaba todo lo que sentía con la danza. Como era muy tímida aprendí a mostrar mi alegría, rabia, tristeza, coquetería... también a dirigirme a Dios a través del movimiento".

Así recuerda su niñez y sus comienzos en el mundo de la danza VICTORIA HERNÁNDEZ, nacida en 1968 en Barcelona, pero donde apenas estuvo unos meses antes de que su familia se trasladase a Madrid. "Vivíamos en un barrio de clase media y estudié en colegio e instituto públicos. Mi entorno era sencillo y a los catorce años me enrolé en la parroquia como catequista donde se creé un grupo de oración que es el que marcó profundamente mi itinerario cristiano".

Este itinerario ha llevado a Victoria por lugares dispares y sorprendentes como cuando decidió estudiar Ciencias Físicas, licenciándose en la especialidad de Astrofísica. Por eso llega a trabajar durante seis años y medio en el Planetario de Madrid como monitora de Astronomía al tiempo que seguía estudiando danza, psicomotricidad, expresión corporal... "Me debatía entre dos opciones: dedicar tiempo y dinero a mejorar mi técnica como bailarina contemporánea y de teatro gestual o formarme como pedagoga de la danza y la expresión corporal para dedicarme a personas con discapacidad, ancianos...".

Es en estos años cuando descubre un nuevo camino para ella durante una Eucaristía, al ver cómo un grupo de jóvenes danzaban mientras llevaban las ofrendas al altar. "Quedé impactada. ¡Danzaban para Dios a la luz de todos, en vez de a escondidas como hacía yo! ¡Danzaban en grupo, compartiendo un mismo sentir, una misma expresión!". Esta experiencia marca un antes y un después en su forma de entender la oración a través de la danza y comienza a crear nuevas coreografías colectivas nacidas de una actitud orante, que ahora diecisiete años después aún sigue danzándolas.

Desde ese momento se suceden las actuaciones en multifestivales y encuentros cristianos (SOMA, DAVID, URCA, VIVAR, CAPACHA....), y en los años sucesivos imparte decenas de talleres y charlas de formación, prepara montajes y coreografías de todo tipo, forma parte del grupo de mimo-danza "El carromato" y participa en el espectáculo de danza contemporánea "Va de Tango". Es una etapa muy creativa en la que prepara danzas donde refleja la realidad y la problemática presente; lo que le preocupa y lo que le genera esperanza. La naturaleza, el sufrimiento, el apego, la fuerza que nace de la debilidad, el descubrimiento de Dios, su apoyo y su presencia en todo...

Victoria considera que el coreógrafo que más le ha influido y cuestionado es Maurice Béjart, sobre todo a raíz de su obra "1789 et nous..." (donde a través de la danza plantea que la gran revolución que aún está pendiente de hacerse es la del tercer mundo). Acaso por esto y dejando a un lado todas sus ocupaciones y proyectos, decide viajar a Bolivia durante seis meses para colaborar como voluntaria en un centro de San Juan de Dios en Sucre. Allí organiza actividades de psicoballet y danza como terapia ocupacional para un grupo de pacientes psiquiátricos con los que funda la "Compañía Amanecer" y prepara las obras "Infierno o Paraiso, usted elige" y "Los besos que me faltaban" que han sido representadas en varios festivales internacionales de cultura con gran éxito.

A su vuelta a España reside en Madrid, en Segart (Valencia), de nuevo viaja a Bolivia por tres meses, en Zaragoza, otra vez en Madrid, en Manresa (Barcelona)... Son años de búsqueda personal y de maduración artística en los que poco a poco encamina sus pasos hacia la Danza Contemplativa. Es entonces cuando junto a su amiga y colaboradora Carmen Jalón constituye el colectivo "Jesús, Arte y Vida" y organizan cursos de "Formación en Danza Contemplativa y Pastoral desde la Interioridad" y oraciones en las que se incorpora la danza, la música, la visualización... Muchas de las coreografías y experiencias acumuladas en todo este tiempo se recogen en el libro-CD "Danza contemplativa" editado por San Pablo en el año 2005.

En los años más recientes también ha colaborado en una comunidad de rehabilitación de mujeres drogodependientes gestionado por las adoratrices y ha participado en un proyecto de pastoral y espiritualidad para jóvenes y adolescentes en un centro de los jesuitas, a la vez que viajaba por España o el extranjero (Alemania, México, Portugal...) impartiendo talleres, realizando actuaciones, motivando oraciones y dinámicas de grupo, etc.

Después de más de veinte años "en danza", Victoria hace un balance positivo de su vida, pero reconoce que ha sido agotador. "Más que vivir del arte, he sobrevivido. Para cualquier artista es difícil vivir de su arte, pero en el caso del artista cristiano esto puede complicarse más. Hoy en día -concluye- no puedo decir que mi vocación sea la danza. Mi vocación es llevar de la mano a las personas hasta lo profundo de ellas mismas y hasta Dios. Si es a través de la danza... ¡bienvenida la danza!"

 

Discos de Victoria Hernández publicados en San Pablo

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