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La música en Semana Santa

Alfredo Arrebola

Uno de los más grandes filósofos y teólogos de la cristiandad, San Agustín (353 – 430), nos dejó dicho: “Cuando me acuerdo de aquellas lágrimas que derramé al oír los cánticos de la Iglesia a los comienzos de haber recobrado mi fe, y que ahora mismo me conmuevo, no con el canto, sino con las cosas que se cantan con voz suave y con la modulación más apropiada, reconozco de nuevo la gran utilidad de esta costumbre”,cfr. Confesiones, Lib X, cap. 34, nº 5l (Sevilla, 1964).

 Nos acercamos, un año más, a la conmemoración y celebración de la SEMANA SANTA,  por lo que he creído conveniente reflexionar acerca de la importancia que tiene la música en la liturgia de la Iglesia cristiana, Incluso fue el mismo san Agustín quien escribió tan lapidaria y profunda frase: “Bis orat, qui bene psallit”: Lema del pueblo andaluz durante los sacrosantos días de la Pasión, Muerte y Resurrección Cristo. Y tal importancia tuvo dicho acto que el filósofo alemán Hegel (1770- 1831) escribió que “…el nacimiento de Cristo es el centro de la historia y de la humanidad”(cfr. “Vida de Cristo”).

Por mi propia experiencia podría afirmar que “quien canta bien, reza dos veces”; incluso, toda persona que componga música religiosa podría proclamar que reza tres veces. Mi viejo amigo Luís Díez Huertas, ex Director del Orfeón Universitario de Málaga, en la dedicatoria de la “MISA ANDALUZA”, que ambos compusimos (1982), anotó lo siguiente: “La Música debe ser Sacerdocio de sonidos”. ¡Qué triste es que en la “Ratio Studiorum” de la Consejería de Educación no ocupe el lugar que me merece la Música!. Porque toda música es buena para perfeccionar al hombre. El cuento de la “música clásica” ya pasó, afortunadamente. Respóndanme – los “entendidos” -¿ habrá una música más clásica que la flamenca?.

 Ante la imposibilidad de enumerar a todos los compositores que cumplieron esta misión en la Historia de la Música, haré un breve recorrido de los que, a mi parecer, pasaron de la vivencia personal enfrentándose al papel “pautado” y legándonos jirones de su alma y de “su fe”. Ya en la antigua Grecia los funcionarios del Templo eran los encargados de la música del mismo, con la particularidad de que el arte de componer estaba conceptuado como poseedor de poderes mágicos y curativos. En Esparta – siglo VI antes de Cristo -, los compositores creaban “música coral” persuadido de que con ella se mantenían vivos los valores esenciales de la moral pública, el amor a la Patria y el respeto a la Ley.

 En el periodo clásico (siglo V –IV a.C.) la música desempeñó un importante papel en las obras de teatro. Y así, Esquilo en su “Agamenón” une canto y narración; Eurípides expresa situaciones dramáticas, emociones y los más distintos estados de ánimo. En tanto que Platón nos dejará escrito que la expresividad de la música “suscita en el hombre presiones y emociones que perturban su equilibrio emocional”. Y en el pensamiento de cualquier persona de cultura media está presente que en Grecia existía una estrecha afinidad entre “pulchrum et bonum” (“lo bello y lo bueno”), que se expresaba mediante el término “Kalogazía. Ahora bien, este principio, aplicado a las artes, quiere decir que muchas veces los preceptos de de tipo moral rindieron culto a los principios. De ahí que la filosofía escolástica y renacentista llegaran a definir, metafísicamente, el “SER” como “unum, verum, bonum et pulchrum”.

 Hasta el primer tercio del siglo IV, tras el Concilio de Nicea (325), toda la música cristiana estaba profundamente influenciada por la cultura bizantina. Oriente se proyectó sobre Occidente. El Canto Gregoriano alcanzará su apogeo en el siglo VIII, dado que muchos obispos de Roma son de origen y cultura bizantina. Todavía se conservan algunas “Antífonas” y otras piezas de este rito. El Sínodo de Laodicea (380) ordenó retirar todos los Himnos de composición laica, hasta que San Isidoro de Sevilla (560 -636) convenció de su legitimidad. Digamos, soslayadamente, que el Canto Gregoriano, del que ha bebido buena parte de los estilos flamencos: tonás, seguiriyas, cabales, caña, malagueña, peteneras, etc- tuvo un periodo de difusión (siglos VII-XII), un período de decadencia (siglos XII- XIX) y un período de restauración (siglos XIX –XX), que aún perdura positivamente, gracias a las nuevas grabaciones de los monjes benedictinos, cistercienses, etc.

 Hay que reseñar, de modo claro y evidente, que la música desde los inicios de la Edad Media está íntimamente ligada a la liturgia cristiana; no existe la menor duda en afirmar que la música fue el primer arte al servicio de la Semana Santa, ya desde la articulación del Año Litúrgico en la Edad Media. Andalucía se integra a esta actividad.

 Aparte de la música para la Liturgia, existen otras formas sacras que están más o menos relacionadas con la Semana Santa: La Pasión, el Oratorio o el Miserere. El texto que sirve de base a las “Pasiones” es la misma historia bíblica de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo con su actitud propiamente dramática: a) Parte narrativa (Evangelista), b) Las palabras y réplicas textuales de los personajes ( Cristo, Pilato, san Pedro), y c) Las exclamaciones de la muchedumbre (turbae multae, como los judíos, soldados).

 Durante la Edad Media, la Pasión se cantaba sobre monodias de estilo gregoriano, y la palabra de Cristo, la narración del evangelista e intervenciones de los demás personajes se diferenciaban entre sí por su nivel variable dentro de la escala musical. Debemos señalar que las Pasiones de los siglos XV y XVI ofrecen diferentes aspectos: La Pasión Motete, casi toda ella polifónica, y la Pasión dramática, o responsorial, donde el Chantre alterna con el coro, mientras que los escritos evangelistas estaban expresados a una sola voz; los soliloquistas a 2 o 3 voces, y las “turbae multae” polifónicamente.

 Está más que demostrado que en todos los países europeos hubo músicos que comentaron la Pasión empleando el lenguaje polifónico, y, muchas veces, por influencia de la Reforma – sobre todo en Alemania – el texto latino fue reemplazado por la lengua vernácula del país.

 Han sido muchos los músicos que escribieron “Pasiones”, tal el malagueño Juan Padilla (1590 -1664), quien escribió la “Pasión según Mateo”, obra que fue estrenada por el Orfeón Universitario de Málaga, bajo la dirección de don Luís Díez Huertas.

 Heinrich Schüetz (1585-1672) escribió tres Pasiones: Según san Juan, según san Mateo y según san Lucas. Juan Sebastián Bach (1685 -1750) escribió dos Pasiones en alemán: Según san Juan, y según san Mateo, que se convirtieron en monumentos incomparables de la música religiosa. En el Renacimiento destacarán tres grandes compositores españoles de Música religiosa: Cristóbal de Morales (Sevilla, 1500-1553); Francisco Guerrero (Sevilla, 1528- 1599) y el más famoso músico religioso de toda la historia: Tomás Luís de Victoria, nacido en Ávila (ca. 1548), y muerto en Madrid en 1611.

 Dentro del Oratorio, que surge en el siglo XVII como una composición musical, normalmente de índole sacra, para solistas, coro y orquesta, encontramos el SEPULCRO, que se puso de moda en Viena a fines del siglo XVII. El Sepulcro consistía en la escenificación de alguna escena de la Pasión del Señor en un decorado que representaba al sepulcro del Señor. El salmo MISERERE forma parte también de la liturgia de los tres últimos días de Semana Santa. Este salmo corresponde al número 50 de la Vulgata, cuyas palabras iniciales son, precisamente, “Miserere mei, Deus, secundum magnam misericordiam tuam”. Este canto se realiza sobre una monodia de naturaleza salmódica, con Antífona. El “Miserere” fascinó e inspiró no sólo a muchos músicos, especialmente los relacionados con la Capilla Sextina, sino que también ha habido flamencólogos que han pretendido buscar relaciones musicales con algunos estilos flamencos. Nada de particular tiene, según mi criterio, ya que el flamenco no es más el resultado de muchas músicas llegadas a nuestra Andalucía. Y jamás, patrimonio exclusivo de los gitanos. Existe una larga nómina de músicos que compusieron famosos “Miserere”, tal vez el más sobresaliente haya sido el de Vicente Goicoechea, Profesor del Seminario de Vitoria.

 A lo largo del siglo XIX la importancia de la música religiosa decayó rápidamente, de manera especial en España tras la “Desamortización de Mendizábal” . La música apenas tuvo alguna obra destacada, salvo las composiciones religiosas del jesuita P. José Ignacio Prieto, Maestro de Capilla de la Universidad Pontificia de Comillas. En Málaga sería don Eduardo Ocón (1843 -1901) el que llenaría el gran vacío de su época y, aún todavía, se sigue interpretando su famoso “Miserere” en la Semana Santa de Málaga.

Es triste saber que en la actualidad apenas se compone música religiosa para la Semana Santa, quedando ésta reducida a las “Marchas” para el acompañamiento de los diferentes tronos que se procesionan durante la Semana Mayor, en cuyo campo hay que recordar el ilustre nombre de don Perfecto Artola Prats, levantino que supo dar la auténtica fragancia de la música religiosa porque “… su música fue , según José María Puyana, eminentemente popular, muy romántica, y a su vez profunda e inmensa”. Con el “Maestro” Artola tuve la suerte de interpretar saetas en el Museo Diocesano de Málaga. La música, sin la menor duda, es el camino más corto para acercarnos a la misma divinidad.


Fuente: http://www.folcloreyflamenco.com/index.php/Religiosidad-en-el-Flamenco/La-Musica-en-Semana-Santa.html




 

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