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El artista católico, todo y uno solo en Dios

Olga Cecilia Bustamante

El músico católico debe ser uno sólo en Cristo. Uno sólo significa integrar las diferentes partes que identifican a un artista cristiano-católico en una sola imagen. A imagen de Dios. Pero... ¿Qué debe integrar un músico de Dios?

Un músico católico debe proyectar EN SU MÚSICA Y EN SU VIDA la representación trinitaria de Dios. Cuando Jesús confía a sus apóstoles la misión, “id por todo el mundo y anunciad el evangelio”, expresó la trinidad en la fórmula bautismal: “bautícenlos en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo” ( Mateo 28,19).

La Santísima Trinidad indica la fe en tres personas divinas que conforman un Dios único. Un dogma y un misterio que creemos a la luz de la fe.

De igual manera el músico que agrada a Dios debe unificar tres partes esenciales en un solo ser: Una parte racional, otra emocional y otra espiritual.

Un ser racional capaz de entender el mundo que Dios le ha dado para transformarlo con su trabajo artístico. En esta parte encontramos todos los conocimientos y saberes de la música religiosa católica que el hombre ha producido y aprendido a lo largo de su historia. Por la razón el hombre establece un orden y unos métodos musicales que vemos traducidos en nuevas técnicas vocales e instrumentales de interpretación, en la literatura musical, en innovadores arreglos, entre otros.

Todo lo anterior unido a los conocimientos sobre liturgia y música, que el músico debe aplicar con base en las normas emanadas por la Iglesia Católica. Aquí el amor a Dios es la razón para servir a la Iglesia, al otro, al que sufre.

Un ser racional cultiva el discernimiento para saber qué, porqué, para qué, cómo, dónde, cuándo usar la música litúrgica o de inspiración religiosa, según el espacio, el lugar o la cultura en la cual se desenvuelve. La racionalidad es un polo a tierra, que une lo eterno con lo mundano. Es la parte externa que dice: “tengo que pagar las deudas, los instrumentos, el estudio, el transporte, las grabaciones...”. Es la antena que equilibra nuestro ser sentimental y espiritual.

Un ser sentimental, sensible a las maravillas de Dios, capaz de expresar todos sus sentimientos. En esta parte la experiencia psicológica, social, económica, histórica, que ha vivido el artista influye, de una u otra forma, en el estado emocional que va a transmitir en sus obras. Como también es la percepción del mundo que lo rodea a través del oído, el olfato, el tacto, la vista y que se manifiesta en sentimientos de tristeza, alegría, dolor, melancolía, gratitud que emanan de lo más profundo del ser humano.

Un ser ESPIRITUAL. Un ser trascendental que vive en contacto permanente con Dios. La espiritualidad del músico católico no es otra cosa que la misma vida cristiana por la que nos diferenciamos de los demás. Es el alma de la Iglesia y de nosotros en ella. Un artista católico no se diferencia ni por el sexo, la raza, la posición social, se distingue por su alma. Un alma difundida por todo el cuerpo, así como el alma de la Iglesia está difundida por todo el mundo. Sin la espiritualidad las demás partes carecen de valor, serían un cuerpo sin vida. El espíritu cristiano es como la sabia que alimenta las plantas, es como la sangre que irriga nuestro cuerpo, es como la sal que da sabor a los océanos. El alma habita en nosotros así como la luz habita el día, no la podemos ver ni tocar, pero se vive en la fe y en el amor, en ese gran mandato que nos dejó Jesús “ Amaos los unos a los otros como yo os he amado” ( Juan 15)

La música realizada por nosotros mismos es un esfuerzo en vano que se queda en la tierra, intrascendente e insípida. Sin el viento que anima y sin el calor que alienta nuestros corazones es imposible crear, cantar y servir a Dios con amor.

La espiritualidad del músico es la respuesta positiva y consciente al amor de Dios en nuestra vida. Como dice el obispo Robert. F. Morneau de España, ”la espiritualidad es escuchar y responder, ser obediente y generoso, decir sí a un Dios”.

El sí que damos para servir a Cristo a través de la música, es una forma de devolver los talentos y los dones que el Creador nos ha dado. Es una forma de compartir con nuestros hermanos la alegría , la luz y el amor que hemos encontrado en el Señor. Una gracia que nos ha sido dada por Dios para iluminar el camino de muchas personas que andan en la tristeza, en las tinieblas, en el odio y en la indiferencia hacia Dios.

La música que sale del alma es la expresión concreta de nuestra íntima relación y comunicación con Dios. Es la realidad de sentirnos sus hijos amados en Jesucristo por la “filiación adoptiva” que recibimos a través de la Virgen María (Gal. 4 4-5). Y esta comunicación se vuelve tripartita y eficaz cuando el Espíritu Santo nos enseña y pone en nuestros labios, en nuestra mente y en nuestro corazón el lenguaje adecuado para llevar su mensaje de acuerdo con el tiempo y el espacio en que vivimos. Un mensaje siempre actual, comprensible a los oídos de los fieles que nos escuchan.

La espiritualidad también sugiere un orden de prioridades. ¿Qué es lo más importante para ti o para mí como cristianos? Dios sobre todas las cosas, lo demás viene por añadidura. La familia, los amigos, el trabajo, la educación. En este sentido, Cristo es el centro de nuestra espiritualidad, que se refleja en tu forma de sentir, actuar, hablar, cantar y orar.

En la espiritualidad del artista como en la racional, también se alberga el don del discernimiento con el que descubres cómo debes utilizar los medios tecnológicos musicales y los recursos para difundir la fe. Si eres un músico clásico, moderno, folclórico, popular, vocal o instrumental, de lengua hispana o anglosajona, si eres un intérprete o compositor de música litúrgica o de inspiración religiosa... Es decir es el don que te ubica y te dice: Cómo vas a llevar el mensaje? ¿Qué medios utilizarás?

El músico católico debe desnudar su alma, abrir sus puertas a la voluntad de Dios. El es el tesoro más valioso que podemos encontrar. Por eso ese tesoro se comparte, se protege, se defiende con valor y se cuida con la oración y con una vida sacramental transparente.

Un ejercicio limpio y permanente del trabajo musical religioso busca la honradez, la sabiduría, la humildad de corazón , la caridad, la pureza. El Padre Jesús Antonio Gómez Gómez”, director espiritual de laicos y religiosos en Antioquia insistía en actitudes y prácticas que a simple vista parecen simples, pero que en realidad son muy exigentes y nos conducen a la eternidad: la ascética, la austeridad, el sacrificio, la mortificación, la penitencia, la importancia de huir a las ocasiones próximas a pecar, la guarda de los sentidos y la guarda del corazón”.

Recomendaciones que necesitamos practicar día con día en medio del consumismo, de la gloria, la fama y el dinero que ofrecen los hombres con la música comercial.

En este orden, vimos como las tres partes que conforman un músico de Dios se mezclan entre sí para dar como resultado un ser musical UNO en Dios. Las tres partes se nutren y se interrelacionan para conformar un fluido, un concierto que circula en todo el cuerpo, en la cabeza, el tronco y las extremidades y que se articulan gracias a su gran director, Dios.

Para concluir, puedes ser un músico profesional, pero si no cantas con amor no enseñas a Dios; puedes cantar con amor, pero si no tienes fe tu canto no tiene sentido. En Comunión. Olga.


Fuente: http://www.cristomania.com/archivo/musicay/2002/septiembre_02.htm


 

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