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Música popular católica: tecnologías y nuevos escenarios

Olga Cecilia Bustamante

Los profundos cambios ocasionados por la globalización y los adelantos tecnológicos e informáticos en las últimas décadas, han generado nuevos actores musicales y nuevos escenarios creados por la evangelización musical popular.
 
Música Popular Católica: tecnologías y nuevos escenarios
Música Popular Católica: tecnologías y nuevos escenarios


Los profundos cambios ocasionados por la globalización y los adelantos tecnológicos e informáticos en las últimas décadas, han generado nuevos actores musicales y nuevos escenarios creados por la evangelización musical popular.



Así, la música religiosa católica se llevó de los grandes templos y teatros a los pequeños espacios hogareños, y a los lugares públicos de encuentro masivo. Y pasó de un público reducido y privilegiado, al goce de una masa heterogénea que no distingue clase, sexo y etnia.


Ya analizamos como desde el Concilio Vaticano II, la diversidad de géneros propios de cada país amplió el espectro musical religioso católico, con aires que identificaron cada cultura concreta. Sin embargo, el fenómeno de la cultura mediatizada por la radio, el cine, la televisión, la Internet y otros canales de comunicación, ha influido en las tendencias rítmico musicales que siguen los artistas, productores, distribuidores y especialmente el público de música religiosa. Las baladas, el rock, el pop y sus variaciones, son los ritmos impuestos por los medios dentro del mercado religioso actual.


En este sentido, la música católica no se ha aislado de la cultura a la cual pertenece. Hoy, la cultura de masas atraviesa todas las creencias, prácticas y producciones simbólicas de la sociedad. Los medios de comunicación, ejes centrales de dicha cultura, influyen de una u otra forma, en la percepción religiosa de los cristianos católicos y se constituyen en herramientas para acercar a Dios a la subjetividad y cotidianeidad de los creyentes. Se puede afirmar que los mass media construyen y redefinen la música católica para la liturgia y fuera de ella.


En el ámbito cultural masivo los mass media legitiman la información musical religiosa popular, porque imponen artistas, posicionan productos musicales religiosos, ofrecen modelos de vida y sostienen la imagen de un cantante; y aunque los evangelizadores musicales no buscan con su trabajo la gloria personal sino la Gloria de Dios, los medios de comunicación le otorgan a cada uno de ellos un liderazgo espiritual en la mente de los creyentes católicos.


Al respecto, ´´el padre Marcelo Rossi del Brasil reconoce que buena parte de su secreto para atraer multitudes está en los medios de comunicación: vivimos en un mundo globalizado´´.


Los actos religiosos de hoy se pueden asociar con el fenómeno de masas, con los grupos humanos de mucho afecto y calor. Grandes espectáculos y mega-conciertos religiosos donde los creyentes se integran para expresar su fe a Dios.


Recordemos, que el padre Rossi y nueve sacerdotes en concierto, congregaron en el Estadio Maracaná 140.000 fieles de la Iglesia Católica, mediante una misa que se celebró con motivo de la fiesta de la Santa Patrona del Brasil - Nuestra Señora de Aparecida -, el 12 de octubre de 1999.


En los conciertos de música católica se combinan diferentes elementos teatrales, pantallas gigantes, danzas, luces, humo, grandes escenografías, con la oración hablada y cantada, para obedecer a la tendencia de la música-espectáculo impuesta por los mass media.


A lo anterior se le agrega que la difusión de la música popular religiosa por parte de los medios, se ha encargado de ubicar algunos temas como verdaderos éxitos, hasta el punto de llegar a vender millonarias copias en disco compacto o casetes. Es decir, sin los medios de comunicación sería imposible insertar a los consumidores dentro de una red mundial de mercadeo musical.


En ciertos casos, se han alcanzado los primeros lugares en las listas de la radio comercial, por encima de consagrados artistas nacionales e internacionales de pop, rock, reggae o tecno profano.


Por ejemplo, el retorno espiritual a fin de milenio suscitó un interés hacia el canto gregoriano. Los monjes del monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos) registraron la monodia cristiana en un compacto que se convirtió en éxito rotundo entre los jóvenes del mundo occidental, en 1996. Este hecho, llamó la atención de las casas discográficas multinacionales, para un canto que sólo era escuchado por las comunidades eclesiales y los melómanos en general.


Dos años más tarde, el sacerdote Marcelo Rossi lanzó su primera producción llamada Música para alabar al Señor, grabada en octubre de 1998, de la cual vendió 3.3 millones de copias en un año, en Brasil.


Otro hecho trascendental para la Iglesia Católica y ejemplo de una nueva evangelización para la cultura contemporánea que vivimos, fue la primera grabación musical que personificó la voz hablada y cantada de Su Santidad Juan Pablo II, titulada Abba Pater. Esta producción se difundió por todo el mundo como instrumento de evangelización, con motivo del Jubileo del año 2000, convirtiéndose en un fenómeno religioso y cultural masivo.


Por consiguiente, la música religiosa católica ha sido sometida a los valores que dinamizan el mercado y los espectáculos producidos por un mundo globalizado.


La forma de los productos musicales religiosos católicos se asemeja cada día más, en cuanto a portadas, labels y sonido a la música profana o protestante. Ya se tienen en cuenta todos los conceptos empresariales y administrativos para hacer de la música religiosa católica un negocio musical. La promoción, la distribución, las ventas masivas de los productos y las giras artísticas evangelizadoras ya forman parte cotidiana de las agendas de los artistas de música católica.


En este marco, las productoras de música popular católica también se han incrementado a fines del siglo XX y principios del XXI. En unos años no será raro observar como se consolidan grandes compañías multinacionales católicas de laicos que difundan los productos y servicios en serie para millones de consumidores católicos, con el fin de ser distribuidos y comercializados en todo el mundo dentro de una industria musical religiosa.


En este orden de ideas, los medios de comunicación, la globalización y el auge del estilo popular, cambiaron las prácticas religiosas y la función de la música católica en la vida cotidiana. No obstante, nada de toda esta industria fonográfica religiosa tiene sentido sin que cada artista o empresa católica musical conjugue el arte y los conceptos empresariales que surgen de un mundo globalizado, con un testimonio de vida cristiana que proclame los valores del Evangelio.


En la parte financiera, la música religiosa católica no es un trampolín de la fama o de lucro personal. Los fines económicos percibidos por las ventas de los discos citados, se han revertido en nobles causas a favor de la evangelización, la paz y la justicia social de los más pobres y débiles.


Hoy se han creado nuevos actores de participación, nuevos escenarios, nuevos sonidos, ritmos y formas externas que han hecho de la música católica un negocio musical. Un negocio, que si se queda sin el espíritu de Dios sería como un cuerpo sin vida, trayendo consigo nuevas frustraciones, vanidades y malentendidos para aquellos artistas que no han comprendido que el único negocio que nos debe interesar ´´es el de salvar almas´´, como decía San Alfonso M. de Ligoria.


Fuente: www.e-cristians.net



 

 

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