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Los cantos de la Misa: Su lugar y su sentido

Comisión Nacional de Liturgia de Chile

La música y el canto son esenciales en toda fiesta humana, y también en nuestras
celebraciones litúrgicas. No son un mero adorno, “para que la celebración salga bonita”,
sino que son oración hecha música, palabra cantada. “Cantar es orar dos veces”, afirma
un dicho tradicional de la Iglesia. Para que el canto y la música tengan en la celebración de la comunidad el lugar que les corresponde, es necesaria una buena preparación litúrgica y
musical de quienes componen el “coro”, y que éste sea siempre un servidor de la
asamblea, no un coro “espectáculo”. Ojalá pudiéramos enriquecer siempre el coro con
instrumentos: guitarras como base, pero también panderetas, bombos, bongós, triángulos
y otros instrumentos sencillos, según el gusto y las posibilidades de cada comunidad.
Para las ocasiones especiales un coro con varios instrumentos enriquece la fiesta.

Una celebración, especialmente una eucaristía sin canto, es como un día nublado:
igual es día, pero le falta algo para ser alegre, para estar lleno de vida. Por eso, el servicio
que prestan los guitarristas, vocalistas y otros instrumentistas es uno de los más importantes y hermosos para la liturgia de la comunidad. Los cantos de la eucaristía
deberían ser siempre cuidadosamente preparados por el equipo de liturgia y el coro.
La improvisación, lamentablemente demasiado común en muchas comunidades, empobrece nuestra posibilidad de alabar al Señor. Los cantos deben ser conocidos por los fieles. Una de las tareas de todo coro es enseñar cantos y ensayarlos con la asamblea.

En la misa y en los demás sacramentos, cada canto tiene su sentido y su lugar. No
se debería cantar cualquier canto en cualquier momento de la misa. Ni en cualquier tiempo
del año, porque la liturgia pasa por momentos muy diversos y característicos a lo largo del
año litúrgico. En ella hay varios cantos cuyo texto se halla en el propio misal: el acto
penitencial, el “Gloria”, el “Santo” y el “Cordero”.

I.LOS CANTOS DE LA EUCARISTÍA: SU SENTIDO
(Los cantos precedidos de *asterisco deberían respetar el texto del misal o del leccionario)

CANTO DE ENTRADA.
Acompaña la apertura de la celebración. Convida a la asamblea a entrar en la
acción común y la dispone a la alabanza. La música y las palabras crean el ambiente
espiritual propicio que ayuda a los participantes a entrar en comunión con el misterio del
tiempo, del día o de la fiesta que se celebra. En una misa más festiva, acompaña el
ingreso en procesión del sacerdote que preside y de los demás ministros y acólitos.
Puede ser un canto entonado por todos juntos, o un diálogo entre el coro y la asamblea.

ACTO PENITENCIAL.
Es el “canto del perdón”, que nos ayuda a reconocernos pecadores y necesitados
de la misericordia del Señor para celebrar y para vivir consecuentemente nuestra vida
cristiana. “Señor, ten piedad; Cristo, ten piedad; Señor ten piedad”, es el texto que aparece
en el misal. Se puede musicalizar ese texto o bien componer otro. Si se compone uno
nuevo, hay que cuidar el sentido del canto: es para pedir perdón por nuestros pecados,
faltas, limitaciones, y confiar en el perdón y la fuerza que nos regala el Señor.

*GLORIA.
El “Gloria” cierra el acto penitencial. El texto del Misal: “Gloria a Dios en le cielo, y
en la tierra paz a los hombres que ama el Señor, etc…), es el que debería ser musicalizado. Lamentablemente existen aún pocas musicalizaciones buenas, o fáciles, o juveniles, por eso a menudo se reemplaza por otros cantos similares.
Hay que estimular la creación de nuevas melodías para el “Gloria” del misal.

CANTO ANTES DE LA LITURGIA DE LA PALABRA.
En ciertas comunidades se abre paso la costumbre de iniciar la Liturgia de la
Palabra con un canto especial, cuyo tema sea la Palabra de Dios, o nuestra apertura a ella.
No es necesario, pero es bueno para ocasiones especiales.

*SALMO RESPONSORIAL.
Este salmo es parte de las “lecturas” de la misa; es bueno no cambiarlo por otro
canto. Es bueno, asimismo, aprender a cantarlo, hallarle música. Sale muy bien (y es
conforme a una antigua tradición de la Iglesia) cuando las estrofas las canta un solista
hombre o mujer, y la antífona toda la asamblea junta. Si no se cuenta con un salmo
musicalizado, se pueden leer las estrofas y cantar una antífona adecuada (por ejemplo
algún canto breve de Taizé). En último caso, se puede sustituir por un canto de tipo
meditativo, tranquilo.

*ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO.
Aleluya significa “Alaben a Yahvé”, y en la historia del cristianismo ha sido una
aclamación pascual: ¡Alaben a Yahvé porque Jesucristo ha resucitado! La alegre
aclamación del Aleluya antes del Evangelio, prepara a la escucha de la Palabra de
Jesucristo y acompaña, en las misas festivas, la procesión del diácono o sacerdote que lo
proclamará.

En las normas del Misal dice que de no cantarse, es mejor eliminarlo: ¡tan
importante se considera cantarlo! El leccionario contiene, para cada Evangelio, un
versículo propio que puede ser leído o cantado entre los Aleluya. En los cuarenta días de
la Caclamación al Evangelio, pero que no contenga la palabra “aleluya”. El Aleluya se vuelve a cantar solamente en la Pascua, para anunciar la resurrección de Cristo.
En algunas comunidades se canta también el Aleluya u otro canto breve al final de
la lectura del Evangelio.

PRESENTACION DE LAS OFRENDAS.
Mientras se prepara el altar y se llevan a él los dones del pan y del vino, y las
ofrendas de los fieles, la asamblea se dispone a acoger el don por excelencia: Cristo, que
se ofrece a sí mismo al Padre. Él es quien se ofrece. Nosotros sólo presentamos al Padre
nuestros dones.
La presentación de las ofrendas se puede acompañar con un canto, sobre todo si hay
procesión; en misas más sencillas no es necesario cantar. Se puede interpretar música
instrumental adecuada al momento.

* “SANTO”.
El “Santo” es el único canto que en el misal se anuncia como canto: “Por eso, con
los ángeles y los arcángeles te alabamos cantando....”. Es bueno cantarlo siempre, y no
cambiar el hermoso texto bíblico de Isaías de su texto tradicional. Se le pueden inventar
diversas melodías. Es un canto vivo y alegre, una verdadera profesión de fe.

ANTÍFONAS DURANTE LA PLEGARIA EUCARÍSTICA.
En muchas comunidades se interrumpe la Plegaria eucarística varias veces con
antífonas breves. Es bueno que sean realmente breves y ojalá con textos que estén en
armonía con la Plegaria eucarística. Sirven muchos de los cantos de Taizé, pero seria
bueno componer nuevos.

*CORDERO DE DIOS.
Mientras el sacerdote parte el pan y prepara el momento de la comunión, la
asamblea confiesa el sentido del rito que está por celebrar tomando las palabras de Juan
Bautista: Cristo es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Felices los que están
invitados a comulgar de ese pan como un solo cuerpo.

El Cordero de Dios puede cantarse o recitarse. Si se canta es bueno considerar
atentamente su duración, de modo que coincida con la acción del sacerdote.

CANTOS DE COMUNION.
La comunión es el rito cumbre de la eucaristía. Acompañarlo con música
instrumental y cantos ayuda a vivirlo en el ambiente festivo, reflexivo y fraterno que lo
caracteriza. Los cantos expresan la unidad de quienes se acercan al mismo altar y el gozo
de participar en el anticipo del banquete del Reinado de Dios.

Los cantos pueden aludir a la comunión misma o a los motivos particulares de la
eucaristía que se celebra o del tiempo litúrgico que se está viviendo. La función del coro es
particularmente importante en estos cantos, ya que la asamblea está moviéndose para la
comunión. Una vez finalizado el rito, se puede convidar a todos a cantar un canto
meditativo, de acción de gracias. La comunión, sobre todo en misas diarias, puede ser un
momento acompañado sólo de música instrumental. En cualquier caso, los cantos o la
música de comunión son para acompañar la comunión de la asamblea, de modo que no es
adecuado usar cantos demasiado movidos o con aplausos.

CANTO MEDITATIVO.
En muchas comunidades se usa cantar un canto meditativo, tranquilo, después de
finalizado el rito de la comunión. Ayuda a dar valor a ese momento y a la oración personal
que despierta el encuentro con Jesús.

CANTO FINAL.
Este canto no forma parte de la tradición de la Iglesia, pero es muy querido en las
comunidades de nuestro continente, generalmente con un sentido mariano (dedicado a la
Virgen María), de acción de gracias (por la liturgia vivida o por la vida) o de misión (ya que
al salir de la misa volvemos a retomar nuestro compromiso por el Reino). Tiene sentido
sólo si es un canto con la asamblea presente. El animador debe motivarla a permanecer en
la iglesia. Si se está disolviendo, más vale acompañar el momento con música
instrumental.

Artículo completo en: http://www.iglesia.cl/iglesiaenchile/liturgia/conali/boletin/conali_78.pdf

 

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