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El Espíritu Santo en clave de sol

Ceferino Santos S.J.

El viento del Espíritu Santo, cuando toca las cuerdas del alma y sus potencias, se convierte en música interior y en melodía de Dios para nosotros. "Su sonido - nos dice San Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual - excede todos los sonidos del mundo". Pero esta música es secreta e interior. Es "la música callada, la soledad sonora" que recuerda el gran místico español.

Cuando esta música interior se exterioriza en letras inspiradas y en canciones ungidas, brota una música nueva y espiritual, que lleva a la oración y a la alabanza de Dios, que sana y santifica al que la canta, y se hace evangelizadora de los que la oyen.
Hoy necesitamos una música así en la Iglesia.

El Concilio Vaticano II afirmaba en su Constitución sobre la Sagrada Liturgia que "la finalidad de la música sagrada es la gloria de Dios y la santificación de las almas" (SC 112). Mal se podría glorificar a Dios y santificar a los hombres si la música y sus textos no estuviesen ungidos por el Espíritu Santo y acordes con la doctrina de la Iglesia, con las fuentes litúrgicas y las letras de la Biblia (SC 121).
Dentro de la música religiosa, el canto gregoriano obtuvo en la liturgia romana un lugar privilegiado. La polifonía sacra llenó horas gloriosas de las Misas solemnes y del canto litúrgico. A su lado, la Iglesia también admitió los demás géneros de música sacra, que expresaban la oración con mayor delicadeza y fomentaban la unanimidad de los fieles (SC 116) y la participación activa de toda la asamblea (SC 121).

San Pablo reclamaba ya para los creyentes de las primeras Iglesias que "se dejasen llenar por el Espíritu Santo y que se expresasen entre ellos con salmos, con cánticos e himnos inspirados, cantando y tocando con toda el alma para el Señor" (Ef 5, 19). Y añade que "cantemos a Dios de corazón con acción de gracias, salmos, himnos y cánticos inspirados" (Col 3, 16). No se habla aquí de inspiración musical humana, sino de moción inspirada por el Espíritu Santo.
En las reuniones cultuales, el Espíritu de Dios llenaba los corazones, desataba las lenguas en salmos, himnos y cánticos, muchas veces espontáneos, y otras en forma de canto en lenguas y melodías carismáticas. Así, mediante cánticos espirituales se edifica la comunidad cristiana y se manifiesta como santa. La comunidad que entona himnos, es ya la alborozada Esposa del Cordero, que celebra a su Dios con cánticos de júbilo.

El cántico inspirado por el Espíritu eleva el alma hacia Dios. Santa Teresa de Jesús nos cuenta en Conceptos del Amor de Dios 7,2: "sé de una persona que estando en oración, oyó cantar una buena voz, y certifica que, a su parecer; si el canto no cesara, que iba ya a salirse el alma del gran deleite y suavidad que Nuestro Señor le daba a gustar..." Se trataba del canto: "Véante mis ojos, dulce Jesús bueno; véante mis ojos, muérame yo luego". La música religiosa puede curar heridas profundas. Cuando Corrie Ten Boom regresaba a Holanda desde el campo de concentración nazi para mujeres, se acercó en Haarlem a su antiguo hogar , que ya no era su casa, pero que aún formaba parte de su corazón. La música del carillón de campanas hizo sonar el canto "Ein' feste Burg its unser Gott": ("Castillo fuerte es nuestro Dios"). Corrie se sintió liberada. Desde ahora Dios era su casa fuerte. Una música inspirada la había sanado.

Hay una música que se convierte en oración personal y compartida, en respuesta de Dios al hombre, en gozo de su presencia y en alabanza de su Gloria, en camino hacia Dios y en llegada y abrazo con Él.

Seguimos deseando esta música en nuestras asambleas con Espíritu Santo en clave de sol.

Ceferino Santos S.J.

Presentación de la publicación on line El Espíritu en calve de sol. La música y el canto desde la experienca del Espíritu, de Javier Rodríguez. En http://personal5.iddeo.es/cana/ministerio_de_musica.htm

 

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