Artículos

¿Solidaridad o espectáculo?

Luis Guitarra

El año 1985 será recordado como el del inicio de un fenómeno que poco a poco se había ido consolidando en el mundo de la música y que iba a encontrar su máxima expresión en dos acontecimientos muy determinados. En enero de ese mismo año se publica en EEUU la canción "We are the world" y en julio se celebra simultánemente en Filadelfia y en Londres el concierto "Live Aid" que ha sido considerado el festival de música más importante de la historia.

Ambos eventos obtuvieron unos beneficios declarados superiores a los 200 millones de dólares que se destinaron a proyectos humanitarios en África y demostraron sobradamente la perfecta simbiosis que podia darse entre el negocio musical y las causas humanitarias.


"We are the world" (Somos el mundo) había sido compuesto conjuntamente por Michael Jackson y Lionel Richie y para la producción se confiaba en Quincy Jones que en aquellos años convertía en oro todo lo que tocaba. Contaba con las colaboraciones de los 45 artistas más populares de la música norteamericana, de la talla de Bob Dylan, Bruce Springsteen, Tina Turner, Stevie Wonder, Diana Ross, Cyndi Lauper, Ray Charles, Paul Simon  y consiguió vender más de siete millones de copias, ganar el Grammy a la canción del año y generar 60 millones de dólares destinados a paliar la hambruna en África.

Pero en realidad, "We are the world" era la respuesta de la industria discográfica de EEUU "que no quería quedarse con los brazos cruzados" ante otro proyecto realizado un año antes en el Reino Unido. Por ello se copió y rentabilizó al estilo "made in USA", la idea original del músico irlandés Bob Geldof en la que artistas británicos como Bono de U2, Sting, George Michael, Duran Duran, Spandau Ballet reunidos en la "Band Aid" habían grabado la canción "Do they know it's Christmas?" (¿Saben ellos qué es la Navidad?) que en unas semanas había llegado al nº 1 de todas las listas y que había vendido más de tres millones de copias con diez millones de dólares de beneficios para gastar en alimentos y medicinas para Etiopía.

Bob Geldof tras el éxito de su proyecto inicial y el de la réplica estadounidense (que obtuvo muchos más ingresos y reconocimiento internacional), decide ponerse de nuevo a la cabeza del ranking de artistas comprometidos y organiza entonces los conciertos 'Live Aid" (Ayuda en vivo) con artistas de primer nivel y de nuevo con el objetivo de recaudar fondos para Etiopía, que en esos momentos padecía una de las sequías más dramáticas de su historia.

Dándose cuenta del potencial del mercado norteamericano y su influencia en el mundo, plantea dos conciertos simultáneos "uno a cada lado del Atlántico" con la participación de Tina Turner, Madonna, Bryan Adams, Tears For Fears, Mick Jagger... en Filadelfia y en Londres con Dire Straits, U2, Queen, David Bowie, Sting, Phil Collins, The Who, Sir Paul McCartney...

Las cifras finales no dejaban lugar a dudas: las televisiones de 160 países emitieron estos conciertos que fueron seguidos por 1.500 millones de personas; la recaudación oficial (por el pago de entradas, los derechos de imagen que aún siguen produciendo ingresos y la edición posterior de las actuaciones en varios discos) fue de 140 millones de dólares. Se establecía así un nuevo record difícil de superar y una particular forma de entender las causas humanitarias que empiezan a ser abanderadas desde entonces por las megaestrellas de la música pop-rock.

La televisión multiplica la desigualdad

El éxito de esta fórmula para generar audiencias desconocidas hasta ese momento y suculentos beneficios vinculados a los ingresos por publicidad, hizo que pronto las televisiones de medio mundo copiaran el modelo. Se diseñan así cientos de macroconciertos, maratones o galas benéficas destinadas a paliar las consecuencias de cualquier desastre natural, apoyar a los organismos humanitarios más relevantes, luchar contra la droga o las enfermedades de "moda" y recientemente buscando solidarizarse con las víctimas y los familiares tras cada atentado terrorista.

Es una fórmula en la que todos ganan. Las televisiones porque consiguen programas de bajo coste y altas cifras de audiencia, lo que supone para sus arcas grandes ingresos por anuncios durante los cortes publicitarios. Los artistas porque ven incrementadas las ventas de sus discos tras sus apariciones "desinteresadas" (muchas veces impuestas por las discográficas al coincidir en periodos de promoción o lanzamiento de sus trabajos) y de las que consiguen un reconocimiento internacional instantáneo dificil de alcanzar de otro modo. Basta el ejemplo de U2 que tras su participación en el concierto Live Aid de 1985, emitido por la mayoría de las televisiones y visto por la cuarta parte de la población mundial, dio un paso de gigante y pasó a ser un grupo conocido y considerado universalmente, entrando desde entonces en la historia de la música rock.

Al público se le crea la sensación de que está formando parte de algo importante, colaborando "codo a codo" con sus ídolos musicales y pagando unas entradas o haciendo unos donativos que si bien son sinceros, no son fruto de una toma de conciencia real, sino respuesta inmediata ante unos estímulos emocionales perfectamente conocidos y manejados por los publicistas. Así una persona puede mandar un SMS desde su móvil y aportar de forma inmediata unos céntimos al fin benefico de turno, y gastarse al día siguiente 40,00 euros para comprarse los discos que han sido promocionados desde este evento solidario o pagar hasta 80,00 ó 100,00 euros por asistir a cada uno de los conciertos de estos "artistas solidarios" en sus giras internacionales.

Digamos que es un proceso que sí beneficia a casi todos, pero de manera desigual e incluso insultante. Los enfermos, damnificados, empobrecidos o excluidos por la razón que sea son miles "a veces incluso millones" y aunque reciben cantidades importantes, son siempre insuficientes frente al problema o situación a resolver. Los productores de estos festivales solidarios, los artistas que participan, los accionistas de las televisiones que les difunden también reciben directa o indirectamente miles, millones de euros, sólo que ahora son muchos menos para repartir.

Tan sólo hay que hacer las cuentas para percatarse de quiénes son los que más ganan con todo esto y quiénes los que menos. Una vez más "pero ahora tras el pretexto de la música y el compromiso social" los que más tenían han multiplicado sus ganancias y los que en verdad lo necesitaban apenas reciben unas migajas (eso sí de la mano de artistas famosos y con música de fondo del último gran éxito grabado por alguno de los mitos del pop-rock).

Es entonces cuando unos pocos se preguntan: ¿Por qué no se utilizan estos mismos medios (personales, técnicos, organizativos, económicos) en la ayuda directa de los damnificados? ¿Por qué en estos aconteciminetos no se intentan explicar y denunciar las verdaderas causas de la desigualdad que muchas veces ocasionan las tragedias humanitarias que se pretenden apoyar? ¿Cuántas veces en estos espectáculos se deja el protagonismo a quiénes de verdad lo tienen? o ¿Por qué no conocemos el drama real de viva voz de quienes lo han padecido?

Hay quienes afirman que es mejor que las realidades trágicas nos las cuenten Bono, Sting, Madonna, entre canción y canción, para que con la música se nos adormezca un poco más la conciencia y nos evitemos así la propia vergüenza que supondría descubrir lo que hay detrás de este tipo de montajes. O es que en realidad y como afirmaría cualquier publicista, todos sabemos que es más fácil y provechoso para recaudar fondos, exhibir en un escenario una camiseta que ponga "Nunca más" mientras se hace un playback emitido en directo por las televisiones, que irse a recoger el chapapote enfundado en un impersonal mono blanco.

Algo de esperanza

En los últimos años, Carlinhos Brown (que recibió el Premio Unesco 2002 por su lucha incesante por la reducción de las desigualdades sociales) predica la fraternidad en cada uno de sus conciertos marcando nuevos ritmos para una solidaridad más é. Este músico brasileño, que durante el Forum del 2004 conquistó Barcelona con sus percusiones y timbaladas callejeras, encarna en la actualidad uno de los modelos más claros de compromiso vital, en los que la música y el activismo social son dos constantes permanentes.

Se forja así, el llamado "milagro de Candeal", realizado en uno de los barrios de favelas más peligrosos de Salvador de Bahía (Brasil) en el que nació Carlinhos y en donde ha gastado gran parte del dinero ganado en mejorar las infrastructuras básicas de la población (agua, luz y sanidad), levantar más de 400 viviendas y construir una escuela de música para los niños y jóvenes de la calle. Pero todo este "milagro" se entremezcla y desvirtúa en parte, al sostenerse con la financiación "y el patrocinio en muchos de sus conciertos" de multinacionales tremendamente poderosas, que sin embargo ofrecen dudosas garantías sociales a sus trabajadores y acumulan miles de despidos a sus espaldas.

Veinte años después

Es posible que tengamos que conformarnos con esta realidad y quedarnos sólo con lo positivo. Así lo admite Ken Kragen (uno de los organizadores de aquella primera grabación de 1985) al declarar: "Me hubiera encantado poder decir que "We are the world" solucionó todos los problemas a los que se dirigió. No fue así, pero lo que sí hizo es llamar la atención sobre ellos, provocando otras acciones y sirviendo de ejemplo sobre las cosas que se pueden conseguir cuando las personas se unen para ayudar a otras".

Acaso saber que dos décadas después de aquel mítico 1985, se han reeditado y puesto a la venta las canciones "We are the world" y "Do they know it's Christmas?" (eso sí, ahora en formato DVD, con imágenes inéditas y con opción de karaoke, pero sin apenas referencias a cómo se invirtieron los fondos obtenidos y sin los testimonios de aquellos que recibieron estas ayudas o las explicaciones al porqué tras estos veinte años la pobreza en África es aún mayor) nos haga albergar algunas serias dudas sobre las verdaderas intenciones de la poderosa industria musico-solidaria que se ha ido creando sobre las espaldas y el sufrimiento de los más pobres.

Acaso saber que también en este 2005 y bajo el nombre de "Live 8: the long walk for justice" y la intención de crear presión política ante la cumbre de los países más poderosos, Bob Geldof ha dado de nuevo otra vuelta de tuerca a esta gallina de los huevos de oro, organizando no dos conciertos simultáneos, sino diez en distintos lugares del planeta (Tokyo, Londres, Filadelfia, Edimburgo, Moscú, Berlín, París, Roma, Barrie y Johanesburgo) con la participación de 100 artistas, un millón de espectadores en vivo y más de dos mil millones de telespectadores en todo el mundo, nos haga presagiar que estos espectáculos solidarios van a seguir produciéndose y alcanzando una difusión aún mayor.

De igual forma, escuchar el anuncio de que Michael Jackson grabará una canción nueva para las víctimas del huracán Katrina, titulada "From the Bottom of My Heart" (Desde lo profundo de mi corazón) intentando seguir así la estela de aquella su canción benéfica de mediados de los ochenta y de paso rehabilitar su dañada imagen, nos haga entender que hemos de seguir muy atentos para comprender las verdaderas intenciones de los organizadores, artistas o promotores de estas iniciativas donde aparentemente lo musical y artístico se pone al servicio de la solidaridad.

Así es el carnaval de la vida y de la música, en el que cada vez hay más participantes que se ponen sus máscaras y disfraces para salir al mercado con un discurso perfectamente aprendido y memorizado de los manuales del marketing social.

Según muchos ésta es la única solidaridad posible y en su estado más puro, dentro del actual mundo globalizado. Según otros pocos, un perverso espectáculo que cuando acaba deja las cosas casi igual que estaban, sin transformar de raiz ni al mundo, ni al público, ni a los propios artistas que publicitan y rentabilizan sobradamente su "compromiso", pavoneándose de festival en festival, pero evitando explicar que han viajado con todos los gastos pagados y que se hospedan en hoteles de lujo a cargo de la organización.

 

Insertar comentario

Versión para imprimir

Recomendar a un amigo

2008 © San Pablo Comunicación SSP