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Cultura musical para dialogar con los jóvenes

Maite López

El panorama actual de la música juvenil es muy rico, y me atrevería a decir que también desconocido e ignorado en muchos ambientes educativos y pastorales. El objetivo de este artículo es ofrecer algunos elementos de reflexión acerca de la riqueza de la cultura juvenil, sobre todo la música, en cuanto parte muy significativa de la vida de los jóvenes. Quisiera con estas pocas líneas contribuir al diálogo "siempre delicado pero apasionante" con los jóvenes, para acercarnos a su realidad y al modo en el que se experimentan a sí mismos y se sitúan ante la sociedad.

Otra forma de cultura musical

¿Cultura alta y cultura popular?
Existen diversas maneras de entender la cultura pero, forzando un poco los extremos, podemos situarlas entre dos polos fundamentales:
- la de quienes la consideran estética, aislada y patrimonio de unos pocos (por tanto, que habría que preservarla de cualquier tipo de contaminación)
- y la de quienes la consideran una realidad dinámica, omnipresente y patrimonio de todos (sujeta a cambios sociales que la modifican y recrean constantemente).
Es la disputa clásica entre lo que se ha llamado high culture (cultura alta) y la popular culture (cultura popular). En realidad habría que decir que ambos conceptos son estereotipos (Gans, 1999) y que lejos de ayudar a un entendimiento, a menudo ha llevado a dificultades, tensiones y hasta exclusiones de tipo social.
El ámbito de la música "sufre" particularmente de esta especie de dicotomía excluyente. Es frecuente escuchar frases despectivas de muchos padres, educadores o pastoralistas hacia la música juvenil, así como de no pocos jóvenes hacia las clásicas formas musicales amadas y admiradas por los adultos. Y, sin embargo, conviene no olvidar que son también muchos los jóvenes que aprecian y escuchan música clásica y las personas ya maduras que valoran y consumen otro tipo de música.

Un concepto amplio de cultura musical
Nuestros jóvenes, dentro del plan educativo escolar, tienen como materia obligatoria la música, lo cual les proporciona, sin duda, un grado no desestimable de cultura musical. Cuando terminan los estudios de enseñanza obligatoria conocen las grandes épocas y los más famosos autores clásicos, además de haber escuchado el correspondiente y variado repertorio. Se trata de un tipo de saber que convendría siempre potenciar más y al que no debemos renunciar jamás.
Pero, además de esta cultura musical que "queramos o no" se concentra más en la dimensión racional, conceptual y teórica que en la vital, experimental y práctica, los jóvenes se van haciendo con un amplísimo bagaje que, a veces, ni podemos imaginar: una cultura musical que responde mejor a sus inquietudes, que refleja más sus vivencias, que acompaña de cerca sus experiencias cotidianas, que les une e identifica con su grupo de amigos y que les ayuda a "sobrevivir" en medio de una sociedad que no siempre entienden. Y de esta cultura musical "que también lo es y en toda regla" ellos son nuestros maestros. Haríamos mal en negarla, ignorarla, infravalorarla y, sobre todo, en rechazarla o condenarla.

Cambiar de "registro idiomático"
Recuerdo una frase de mi profesora de literatura del colegio que, a pesar de los años, nunca he olvidado: "persona culta -decía- es aquella que sabe cambiar de registro idiomático". O sea, una persona que sabe utilizar el registro "el código" apropiado para cada situación y adaptarse al lenguaje y nivel comunicativo de su interlocutor. ¿Por qué no hacer referencia a esta especie de definición hablando de música?. Esta música es un auténtico lenguaje, a veces otro "idioma", fascinante y maravilloso, que forma parte de la vida de todos nosotros, pero sobre todo de los jóvenes. Visto así, una persona culta "musicalmente hablando" sería la que cambia de "registro idiomático". Personas capaces de conocer, interesarse y valorar "más allá de los gustos personales" la cultura musical juvenil para acompañar de cerca, dialogar y aprender de y con los y las jóvenes de hoy. Esto es lo que nos disponemos a hacer.

Estilos musicales para todos

Una cuestión de sentido

Estamos acostumbrados a decir que la música es hoy una de las dimensiones más importantes de la vida de los jóvenes. Pero convendría hacer memoria del ayer y de la propia historia personal, para caer en la cuenta de que este protagonismo de la música pertenece a la vida de todos nosotros, independientemente de nuestra edad o categoría socio-cultural. La música, a menudo maestra y siempre compañera de camino, es importante para todos. Quizás las funciones que le atribuimos y las prácticas a las que la asociamos varían, pero lo fundamental en la experiencia musical "común a todos" es la cuestión de sentido.

La música es una forma de explorar el mundo y de elaborar las experiencias personales y colectivas. La experiencia sonora es el intercambio entre sonido y sentido. (Stefani, 1999). Precisamente una de las críticas más frecuentes a la música de los jóvenes (especialmente al rock y a los géneros derivados de su rama más dura) es denominarla despectivamente como 'ruido' por el simple hecho de no entenderla y hasta cuestionarse si "eso" puede considerarse música. Pero "la música es una experiencia personal y difícilmente comunicable" que está determinada por factores como el interés, la educación, el aprendizaje, la cultura y la personalidad. Esa es la razón por la que un estilo musical o incluso piezas dentro de un mismo estilo evocan sentimientos y emociones en ciertas personas y deja a otras totalmente indiferentes (Sergeant, 1999). Y ésa es la razón por la que todo género musical merece respeto, porque detrás de él hay una experiencia (personal y colectiva) que le da sentido. Porque la música y su sentido es experiencia común a todos, no hace falta ser un experto en música para identificarse con un estilo u otro. No se requieren conocimientos previos para hacer de la música una experiencia. Basta escucharla para sintonizar (o no) con ella. ¡Cuánta gente se considera "ignorante" en cuestión de música... y, sin embargo, esto no impide disfrutar de ella en distintas ocasiones!.

Tipología de andar por casa

No hace falta ser expertos, pero tampoco hay que conformarse con la ignorancia, ya que, como consecuencia, genera actitudes poco recomendables. ¿Qué tal si probamos a hacer una sencilla tipología, aunque sea un poco de "andar por casa"?. Ante la música podemos encontrar:
a)Aficionados: gente a la que le gusta escuchar un cierto estilo o grupo, pero que lee y sabe poco, lo justo.
b)Expertos: gente que lee y conoce mucho, pero sólo de la música que le apasiona.
c)Estudiosos: personas que conocen, leen y están al día de los distintos estilos (incluidos los que no les gustan).
Aficionados somos todos porque lo que está claro es que la música no deja a nadie indiferente y todos tenemos un estilo "o varios" que, no sólo nos gusta, sino que nos identifica y define. Entre los jóvenes encontramos no pocos expertos y hasta especialistas en sus grupos, cantantes y estilos favoritos. Y lo son gracias al grupo de amigos, los ambientes que frecuentan, los programas de radio y canales temáticos de televisión, las revistas especializadas, los sitios en Internet, los CD, CD-Rom, DVD, videos y conciertos a los que asisten. Estudiosos podríamos "y hasta deberíamos" ser todos un poco, aunque requiera algo más de esfuerzo, sobre todo si andamos inmersos en tareas educativas y pastorales entre los jóvenes. Hay distintas razones para pasar de un tipo a otro: una puede ser la intensidad de nuestra experiencia musical. Pero también el interés educativo o las convicciones pastorales nos pueden llevar a tomar una postura activa hacia la cultura musical actual y a generar un acercamiento a los jóvenes. Si nos ponemos a ello con interés y buena voluntad... ¡a lo mejor no es tan difícil!.

Los jóvenes y su música

Creatividad y diversidad de los jóvenes

Como decíamos al principio del artículo, la cultura no es fruto de una elite de privilegiados. Se genera dentro de una sociedad a través del intercambio de prácticas y significados que hacemos todas las personas. Y parece que los jóvenes es el sector que con mayor intensidad y creatividad sabe generar culturas propias, que los identifican y distinguen de la "masa" y la cultura dominante. Su música, fiel reflejo de lo que son, los convoca y configura. Bastaría recordar la proliferación de formas musicales, modas, estilos, actividades lúdicas, bailes y lenguajes asociados a los jóvenes que surgió a partir de los años 50 y que se extiende y multiplica en progresión, casi geométrica, hasta nuestros días. Antes de seguir adelante, conviene precisar que, cuando hablamos de "los jóvenes", inconscientemente tendemos a delimitar un grupo homogéneo determinado por la edad, y, sin embargo, no todos los jóvenes son iguales aun perteneciendo a una misma sociedad o país. Se diferencian unos de otros por su personalidad, valores y convicciones expresados a través de distintos estilos, modos de vida, formas de vestir o tipo de música. Esta diversidad se manifiesta incluso dentro de una misma subcultura. La creatividad de los jóvenes se manifiesta no sólo en la creación de culturas de "resistencia" y oposición, sino también en la diversidad de estilos que los diferencian a unos de otros. Si preguntáramos a un gótico, un rasta o un heavy qué tienen en común, seguramente nos dirían que nada en absoluto.

"Yo... no podría vivir sin música"

Hace unas semanas en un encuentro de formación de monitores, hablando de las propias experiencias de comunicación, una de las participantes dijo: "yo ... es que no podría vivir sin música". Se trata, sin duda, de una frase paradigmática. Seguramente cualquier joven la firmaría sin pensárselo dos veces. Pero ¿por qué la música es tan importante para los jóvenes? Creo que de alguna manera la música (con sus protagonistas, prácticas y ambientes) es una forma privilegiada de participación que los constituye como grupo, red o comunidad. La música potencia, entre otras, tres de dimensiones constitutivas de los jóvenes: la corporeidad, la intersubjetividad y la historicidad (Presern, 2002), y por eso su música es
participativa, porque posibilita encontrarse con los demás a través del cuerpo, del movimiento y del ritmo, haciendo posible de alguna manera la expresión de todo lo que ellos son, en un ambiente que da gran importancia a lo afectivo y lo emotivo;
comunicativa, porque facilita el intercambio de experiencias y emociones, la identificación y la pertenencia al grupo de amigos, en definitiva: el encuentro con los demás con sus límites y valores;
vital, porque refleja lo que viven, sus temores, ilusiones y esperanzas, tal como ellos los perciben. Su música habla de sus experiencias cotidianas: del amor, la amistad, la monotonía, la soledad, la incertidumbre, la solidaridad, la paz, etc.

El deseo de conocer y amar más a los jóvenes puede llevarnos a tomar en serio sus intereses y a ir más allá de las apariencias. La música que compran, escuchan, ven, bailan, graban, interpretan y disfrutan es una puerta abierta al diálogo, una oportunidad para vibrar con ellos. No se nos pide renunciar a nuestros gustos y criterios propios. Bastaría, de momento, con valorar y apreciar un poco más los suyos.

 

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